Hasta ahora, las personas que han leído 'El envío turco' me han dicho que les ha gustado, y es una gran satisfacción para una escritora que los lectores disfruten con su obra. En este caso, se trata de mi primera novela publicada, y parece que los comentarios son favorables. Mis amigos, conocidos y allegados me lo han podido decir verbalmente, pero también hace mucha ilusión leer artículos, reseñas y comentarios de mi novela por escrito, como el de Ana Belén, la autora del blog Bohemio Mundi, a la que le agradezco mucho sus palabras. Si quieren, pueden leer la entrada que ha publicado hablando de 'El envío turco' en el siguiente enlace:
miércoles, 19 de febrero de 2014
sábado, 15 de febrero de 2014
Carnaval!
¡Pa, parapapá, Parapará, parapapá!...
Esa es la previa de la entrada a las canciones que dan muchos directores de murgas antes de iniciar el pasacalles y los temas. Nuestras queridas irónicas y cómicas murgas. Una gran parte del alma del Carnaval.
¡Ya estamos en Carnaval! Se huele, se siente, flota en el ambiente.
La magia de nuestras fiestas comenzó. Ya se iniciaron los concursos y certámenes de todos los grupos musicales y danzarines. El colorido y la música desborda Santa Cruz.
Pronto llegará el momento en que la gente de a pie, la gente carnavalera desbordará sus calles y sus plazas con sus disfraces, sus ocurrencias y su vacilón.
La crítica, el humor, la danza, la originalidad, el cromatismo multicolor... Todos se darán cita en la calle. Todos nos dedicaremos con orgullo y placer a hacer el Carnaval.
Para mí constituye una fiesta única, singular y muy querida. Deseo muchas felicitaciones a todos y que pasen un feliz Carnaval!
Esa es la previa de la entrada a las canciones que dan muchos directores de murgas antes de iniciar el pasacalles y los temas. Nuestras queridas irónicas y cómicas murgas. Una gran parte del alma del Carnaval.
¡Ya estamos en Carnaval! Se huele, se siente, flota en el ambiente.
La magia de nuestras fiestas comenzó. Ya se iniciaron los concursos y certámenes de todos los grupos musicales y danzarines. El colorido y la música desborda Santa Cruz.
Pronto llegará el momento en que la gente de a pie, la gente carnavalera desbordará sus calles y sus plazas con sus disfraces, sus ocurrencias y su vacilón.
La crítica, el humor, la danza, la originalidad, el cromatismo multicolor... Todos se darán cita en la calle. Todos nos dedicaremos con orgullo y placer a hacer el Carnaval.
Para mí constituye una fiesta única, singular y muy querida. Deseo muchas felicitaciones a todos y que pasen un feliz Carnaval!
sábado, 1 de febrero de 2014
Tertulias literarias
Tertulia Literaria La Isla.
Santa Cruz de Tenerife dinamiza e insufla nueva vida a las tradicionales tertulias literarias, tan características e inherentes a la idiosincrasia española.
Instituciones que surgen en el siglo de Oro, cuando autores del teatro barroco como Lope de Vega leían en ellas algunas de sus creaciones. Reuniones de escritores y artistas que prosiguen, y a fines del s. XVIII reciben el apoyo de las Sociedades Económicas de Amigos del País. Tertulias por las que se desenvuelven a sus anchas destacados escritores de los siglos XIX y XX como Valle Inclán, Ignacio Aldecoa, Unamuno, los hermanos Machado, Rafael Sánchez Ferlosio, Clarin, Ortega y Gasset, Francisco Umbral, Gonzalo Torrente Ballester, Ramón Gómez de la Serna, Francisco Ayala, Bécquer, Jacinto Benavente... y un sinfín de otros amantes del mundo de la literatura, las artes y la cultura en general.
Los encuentros se celebran principalmente en cafés, aunque no se descartan los casinos, reboticas u otros establecimientos. Cafés tan emblemáticos como: el Café Suizo, el Café del Príncipe, el Café Gijón, el Café Levante, el café Lyon, la Cervecería de Correos, el Bilis Club... fueron en su tiempo testigos mudos de estas manifestaciones culturales y albergan entre sus muros más páginas literarias que muchos volúmenes escritos.
En Tenerife no se echa en saco roto esta expresión tan peculiar, amena y didáctica de vivir y fomentar la literatura. Así, se crea en diciembre de 2013 la Tertulia Literaria La Isla -adoptando el nombre del local donde se celebra, siguiendo la tradición. En este caso se trata de una librería: la librería La Isla, en la calle Imeldo Seris de Santa Cruz de Tenerife, cuyos propietarios se ofrecen a colaborar con entusiasmo ¿Puede haber lugares más apropiados para una tertulia literaria que una librería?
La iniciativa parte de Jesús Villanueva, el autor de "El fuego de bronce", una novela ambientada en Tenerife durante el ataque de Nelson. El resto de escritores, entre los que me incluyo, son: Agustín Ravina, Enrique Reyes, Javier Hernández, Juanca Romero y Mariano Gambín.
Las tertulias se celebran los últimos viernes de cada mes a eso de las 19:00 horas. Los aficionados a la literatura y, en especial a la narrativa, están invitados a asistir y participar con sus preguntas y comentarios.
Espero que esta iniciativa prospere y constituya un incentivo para muchas más.
sábado, 11 de enero de 2014
La recompensa de escribir
El mayor placer del mundo, en mi opinión, lo constituye el poder realizar lo que más se desea y para lo que se está más capacitado.
El hecho de escribir puede representar una tarea fácil o difícil, según los casos. Muchos lo ven como algo inaccesible de alcanzar y lo valoran en demasía. Para un escritor resulta un acto común, cotidiano. En ocasiones difícil, pero en general, es algo a lo que se está acostumbrado y que sale sin casi pensar. Un folio en blanco, una pantalla de ordenador en blanco (los tiempos cambian, aunque en el fondo es lo mismo) representa algo así como zambullirse en el mar o en una piscina. Titubeas unos instantes; luego lo que encuentras te parece pura delicia y no deseas salir, sino permanecer intemporalmente en el agua que te relaja y te vivifica.
La gente valora demasiado el hecho de plasmar palabra tras palabra en un texto, ya sea papel o pantalla.
En cierto sentido tienen razón. Cuesta, pero resulta gratificante, y a un escritor no cuesta tanto como a ellos. A un escritor le puede costar cantar, tocar un instrumento, esculpir, diseñar un edificio, bailar, interpretar... Todo tiene su mérito y su arte. Todo en el fondo es crear. Crear de la nada, sentirse como un Dios.
Escribir resulta para mi una experiencia sumamente gratificante, pero no la única, ni la superior.
Una vez escrito un libro, fruto de la dedicación al trabajo durante meses, a veces, años, el mayor placer que pueda existir para el escritor lo constituye el contacto, el trato con el público, con el lector. Alegar con él, contrastar opiniones, responder a sus preguntas, conocer su nombre y apellido,darle la mano, un beso, tratar con él mano a mano, contarle anécdotas y detalles, escuchar y responder a sus preguntas, saber que tu libro va a ser leído por alguien que te conoce, no va a ser como un libro huérfano, sino con nombres y apellidos...
Todo ello constituye una experiencia inolvidable y necesaria. Una experiencia más grata, aún si cabe que el escribir, el trato con el lector. El trato directo para dialogar y expresarse, para intercambiar todo tipo de impresiones, para conocerse, entablar contactos y relacionarse de una forma más cálida y personal.
El libro deja de ser un tomo manuscrito alojado sobre una mesa o alineado en una estantería de un autor más o menos conocido para pasar a ser un libro que habla a través de su autor; un libro con vida, un libro que habla, que piensa, que responde, que trata de acercarse al lector...
El hecho de escribir puede representar una tarea fácil o difícil, según los casos. Muchos lo ven como algo inaccesible de alcanzar y lo valoran en demasía. Para un escritor resulta un acto común, cotidiano. En ocasiones difícil, pero en general, es algo a lo que se está acostumbrado y que sale sin casi pensar. Un folio en blanco, una pantalla de ordenador en blanco (los tiempos cambian, aunque en el fondo es lo mismo) representa algo así como zambullirse en el mar o en una piscina. Titubeas unos instantes; luego lo que encuentras te parece pura delicia y no deseas salir, sino permanecer intemporalmente en el agua que te relaja y te vivifica.
La gente valora demasiado el hecho de plasmar palabra tras palabra en un texto, ya sea papel o pantalla.
En cierto sentido tienen razón. Cuesta, pero resulta gratificante, y a un escritor no cuesta tanto como a ellos. A un escritor le puede costar cantar, tocar un instrumento, esculpir, diseñar un edificio, bailar, interpretar... Todo tiene su mérito y su arte. Todo en el fondo es crear. Crear de la nada, sentirse como un Dios.
Escribir resulta para mi una experiencia sumamente gratificante, pero no la única, ni la superior.
Una vez escrito un libro, fruto de la dedicación al trabajo durante meses, a veces, años, el mayor placer que pueda existir para el escritor lo constituye el contacto, el trato con el público, con el lector. Alegar con él, contrastar opiniones, responder a sus preguntas, conocer su nombre y apellido,darle la mano, un beso, tratar con él mano a mano, contarle anécdotas y detalles, escuchar y responder a sus preguntas, saber que tu libro va a ser leído por alguien que te conoce, no va a ser como un libro huérfano, sino con nombres y apellidos...
Todo ello constituye una experiencia inolvidable y necesaria. Una experiencia más grata, aún si cabe que el escribir, el trato con el lector. El trato directo para dialogar y expresarse, para intercambiar todo tipo de impresiones, para conocerse, entablar contactos y relacionarse de una forma más cálida y personal.
El libro deja de ser un tomo manuscrito alojado sobre una mesa o alineado en una estantería de un autor más o menos conocido para pasar a ser un libro que habla a través de su autor; un libro con vida, un libro que habla, que piensa, que responde, que trata de acercarse al lector...
domingo, 1 de diciembre de 2013
¿Por qué escribo?
¿Por qué escribo? me pregunto ¿Será, tal vez porque no sé hacer otra cosa?
¿Por qué motivo fui yo la oveja negra en una familia de artistas?
Mi abuelo materno, según dicen, porque no tuve la oportunidad de conocerlo, tocaba el piano, el violín y cualquier instrumento que tuviese a mano. Mi madre y sus hermanas, mis tías, cantaban como los ángeles. Sin embargo yo no heredé esas capacidades, esas aptitudes. Yo aprobé Magisterio de milagro. Gracias a que en 2º hubo muchas huelgas y manifestaciones. Gracias a que solo nos examinaron de seis lecciones de historia de la música. Recuerdo al principio del curso cuando la profesora, sentada en un taburete frente al piano, nos probó la voz.
- ¡Pilar Escalona! -dijo. ¡Esta es malísima!
Yo me acoplé con otra compañera a quien dieron un veredicto similar a un grupo en el que permanecíamos calladas, gesticulando como si cantásemos, pero sin cantar para no desafinar.
Luego están los científicos, los sabios de ciencias que también dominan las letras. Los profesores de física, química o matemáticas, que en sus ratos de ocio disfrutan leyendo en latín La conjuración de Catilina, La guerra de Yugurta, La guerra de Las Galias o pasean como Pedro por su casa por un museo de arte, por un cine, o por una sala de conciertos. Yo conocí a dos personas de este tipo. Dos personas actuales, vivas, sabias como los sabios del Renacimiento, como los filósofos de la antigua Grecia. Gente que domina todas las artes y todos los saberes ¡Increíble!
Más allá están los informáticos. Impregnados de las nuevas tecnologías, ante las que yo me siento totalmente ignorante y analfabeta. Gente que es capaz de crear las cosas más increíbles. Gente que domina el movimiento, el espacio, el tiempo, la vida misma.Gente que constituye el futuro de la humanidad.
Yo me siento pequeña, como un gnomo, como un diminuto enano. Yo solo sé escribir. Sin embargo toda esta gente fabulosa y toda la otra gente sencilla, normal gusta de la lectura. Le entretiene, le distrae, le instruye, le hace olvidar por un momento su vida y su rutina; le invita a trasladarse a épocas y mundos remotos, penetra en su interior y extrae lo mejor de sí mismo. Y la valoran. La quieren. Les gusta la literatura. Por eso yo escribo.
¿Por qué motivo fui yo la oveja negra en una familia de artistas?
Mi abuelo materno, según dicen, porque no tuve la oportunidad de conocerlo, tocaba el piano, el violín y cualquier instrumento que tuviese a mano. Mi madre y sus hermanas, mis tías, cantaban como los ángeles. Sin embargo yo no heredé esas capacidades, esas aptitudes. Yo aprobé Magisterio de milagro. Gracias a que en 2º hubo muchas huelgas y manifestaciones. Gracias a que solo nos examinaron de seis lecciones de historia de la música. Recuerdo al principio del curso cuando la profesora, sentada en un taburete frente al piano, nos probó la voz.
- ¡Pilar Escalona! -dijo. ¡Esta es malísima!
Yo me acoplé con otra compañera a quien dieron un veredicto similar a un grupo en el que permanecíamos calladas, gesticulando como si cantásemos, pero sin cantar para no desafinar.
Luego están los científicos, los sabios de ciencias que también dominan las letras. Los profesores de física, química o matemáticas, que en sus ratos de ocio disfrutan leyendo en latín La conjuración de Catilina, La guerra de Yugurta, La guerra de Las Galias o pasean como Pedro por su casa por un museo de arte, por un cine, o por una sala de conciertos. Yo conocí a dos personas de este tipo. Dos personas actuales, vivas, sabias como los sabios del Renacimiento, como los filósofos de la antigua Grecia. Gente que domina todas las artes y todos los saberes ¡Increíble!
Más allá están los informáticos. Impregnados de las nuevas tecnologías, ante las que yo me siento totalmente ignorante y analfabeta. Gente que es capaz de crear las cosas más increíbles. Gente que domina el movimiento, el espacio, el tiempo, la vida misma.Gente que constituye el futuro de la humanidad.
Yo me siento pequeña, como un gnomo, como un diminuto enano. Yo solo sé escribir. Sin embargo toda esta gente fabulosa y toda la otra gente sencilla, normal gusta de la lectura. Le entretiene, le distrae, le instruye, le hace olvidar por un momento su vida y su rutina; le invita a trasladarse a épocas y mundos remotos, penetra en su interior y extrae lo mejor de sí mismo. Y la valoran. La quieren. Les gusta la literatura. Por eso yo escribo.
martes, 26 de noviembre de 2013
Colgados de un sueño
El pasado sábado tomé parte en un Festival literario celebrado en Buenavista del Norte (Santa Cruz de Tenerife). Allí, en compañía de otros escritores, tuve la ocasión de ver el documental "Colgados de un sueño" dirigido por Antonio Pérez Molero para RTVE.
El documental vale la pena por lo bien hecho que está y la información, en muchos casos hasta ahora desconocida, que aporta.
A través de entrevistas y reportajes narra la vida del pintor y coleccionista Fernando Zóbel y la creación debida a su iniciativa del museo de arte abstracto de Cuenca. Este museo fue el primero en España en ese arte y es uno de los más importantes del mundo.
Fernando Zóbel nace en Filipinas en el seno de una familia oriunda de España. Estudia en Harvard. Ya pronto siente la llamada de la pintura. Comienza a dibujar, pintar y coleccionar cuadros. Al finalizar sus estudios comunica a su familia su vocación. Sin embargo en un principio debe hacerse cargo de los negocios familiares y no puede dedicar mucho tiempo a su afición favorita. Madruga y trasnocha para pintar algo.
Cuando se ve liberado de sus trabajos se dedica a viajar por el mundo. Engrosa su colección a base de compras o intercambios y sigue pintando.
A mediados de los años cincuenta aterriza en Madrid y se siente fascinado por los artistas abstractos que encuentra, en España casi desconocidos. Empieza a madurar la idea de crear un museo donde exponer sus obras. Piensa primero en Toledo hasta que el ingeniero forestal Gustavo Torner le habla de Cuenca y le invita a visitar su ciudad.
- Pero, ¿qué se ha perdido en Cuenca? -dice.
Le atrae la última casa colgante que queda, El alcalde le da facilidades y Fernando se decanta por ella para su museo. Realiza las obras y lo dispone todo con meticulosidad. Será un centro de exposición, de encuentro para los artistas y un foco que irradie cultura.
Por otra parte Zóbel se integra en la ciudad y convive con sus habitantes como uno más. A su muerte toda la ciudad se echa a la calle acompañada por muchas personalidades del mundo del arte.
La personalidad y la obra de Fernando Zöbel perviven en este fascinante museo conquense.
Les recomiendo el documental.
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